La churrería más inclusiva de A Coruña cumple 55 años: "Mis primeros churros sin gluten daban pena"
La Oriental celebra más de medio siglo de vida como el gran refugio de los celiacos y los intolerantes a la lactosa. Su dueño lo tiene claro: "Intento que todos puedan tomar chocolate con churros"

César Lado, tras el mostrador de su churrería en Federico Tapia. / Casteleiro
Después de décadas viendo el ir y venir de su padre entre las freidoras y las jarras de cacao líquido, César Lado empieza a sospechar que el secreto de la inmortalidad está en comer chocolate con churros cada día. "Tengo clientes de más de 100 años que vienen a tomarlo regularmente. Y otros que conocí cuando tenían 50 y que ahora ya son octogenarios", cuenta el dueño de una de las churrerías históricas del centro de A Coruña.
Por si acaso fuera verdad, apunta, él los toma cada mañana, después de abrir la verja de la Oriental e inundar de dulce los 80 metros cuadrados del establecimiento. Un bastión verde musgo que sigue resistiendo junto a la plaza de Vigo y que, ahora, cumple 55 años con la segunda generación al frente y una oferta sin gluten que lo ha convertido en una suerte de templo para los celiacos.

César Lado, en el exterior de la Oriental. / Casteleiro
Y es que, asegura Lado, esta churrería es "el único lugar de A Coruña" para disfrutar de estos manjares sin T.A.C.C ni riesgo de contaminación cruzada. También del chocolate sin lactosa e incluso de opciones veganas "para las personas alérgicas a la proteína de la leche", porque en la Oriental, el propósito es "que todos puedan tomar chocolate con churros".
Todo comenzó con lo que podría ser perfectamente un chiste sobre 'el colmo de un churrero': tener una hija celiaca y un negocio familiar lleno de trigo. Pero César cambió la tornas y se puso a investigar para conseguir un dulce que la pequeña pudiera disfrutar sin preocuparse. "Mis primeros churros sin gluten daban pena, tiré muchas masas. Pero ella fue la primera supervisora y, al final, se consigue un buen producto", recuerda orgulloso.
La Oriental, un templo del chocolate con 2.000 churros diarios
La oferta apta para celiacos no ha hecho más que engrosar las cifras de un negocio que "siempre ha funcionado bien" en Federico Tapia. De sus fogones salen cada día cerca de 2.000 churros, así como "unos 400 semanales" sin gluten cuya existencia, en las últimas horas del domingo, ya solo puede probarse por las migas que quedan en el plato.
Para hacerlos, César enciende los hornillos puntualmente a las 4.30 horas, cuidando cada parte del proceso igual que hacía su padre en los 70. Tiene claro el secreto para replicar el mismo sabor de entonces: "Harina de media fuerza y aceite de girasol alto oleico, pero cambiándolo constantemente. La gente cae en la tentación de estirarlo, porque es el ingrediente más caro, pero no hay que hacerlo. Si no lo renuevas, los churros no van a dejar de repetirte", explica.
El origen de los productos también importa y Lado intenta que sean de proximidad, salvo la harina que, lamenta, "es de Castilla, porque en Galicia no se hace". Pero lo demás es de aquí y se ha mantenido igual desde 1971: "El café es Siboney y el chocolate Exprés también es de A Coruña. Más coruñés no puedo ser", dice entre carcajadas el hostelero, que llegó a la Oriental en el 94 para cubrir la baja de un trabajador y acabó quedándose más de tres décadas.

Los famosos churros de la churrería Oriental. / Casteleiro
Cuenta que, cuando aterrizó en sus cocinas, no sabía nada de masas y tuvo que familiarizarse con ellas a base de práctica y errores. Exactamente igual que su padre, Generoso, hace 55 años, que "no había hecho un churro antes" de iniciar su negocio de cafés y dulces en el centro.
Pese a que no suene romántico, lo cierto es que la decisión fue más estratégica que vocacional. "Entre la Seguridad Social, la Tesorería y las oficinas, en esta zona había mucho movimiento y muchas cafeterías, como el Marte, el Marabú y el Venus. Así que mi padre dijo, ¿qué monto aquí que no tengan estos sitios? Y puso la churrería sin tener mucha idea".
Allí, siguiendo los consejos de otros hosteleros, empezó a hacerse un hueco trabajando duro, "sin vacaciones" ni días libres. Y tuvo una idea pionera: llevar sus productos a los cafés que inundaban los alrededores de la plaza de Vigo para que el público pudiera desayunar también en ellos con sus masas fritas.
"Mi padre fue el primero que empezó a repartir churros a las cafeterías. Antes, los locales tenían que ir hasta Bonilla para cogerlos", explica Lado, que ahora sirve a cerca de medio centenar de establecimientos en la urbe.
A diferencia de lo que pueda pensarse, no compite con el resto de locales de chocolate a la taza, porque, asegura, "cada uno tiene su tipo de churro y sus clientes". Unos que, a sus 56 años, le siguen motivando para abrir las puertas cada mañana. "Lo que más me gusta es el día a día, conocer a gente que vale la pena. Siguen viniendo y estoy agradecido".
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