La guerra de Irán descoloca la posición internacional de Feijóo
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Conflito Oriente Medio

La guerra de Irán descoloca la posición internacional de Feijóo

El líder del PP ha condenado el régimen iraní y pedido contención en el conflicto, pero su postura se ve influenciada por la amenaza de la extrema derecha y la necesidad de definir su propio perfil

Alberto Núñez Feijóo, durante una comparecencia en el Congreso.

Alberto Núñez Feijóo, durante una comparecencia en el Congreso. / José Luis Roca

Madrid

Cuando el pasado sábado el ataque conjunto de Estados Unidos e Israel contra Irán, que abatió al líder supremo del régimen de los ayatolás, Ali Jameneí, puso el mundo patas arriba, Alberto Núñez Feijóo acababa de terminar una semana en la que había puesto más atención de lo normal en su agenda a las cuestiones internacionales. El lunes la comenzó publicando un largo artículo en ABC donde se explayaba sobre diversas materias relevantes de fuera de nuestras fronteras, desde el futuro de la OTAN a la lucha contra los aranceles impuestos por la administración de Donald Trump, pasando por las políticas climáticas o migratorias, sin olvidar el tratado de Mercosur y sus cláusulas de salvaguarda.

Al día siguiente mantuvo una larga conversación telefónica con el secretario de Estado, Marco Rubio, obviamente en español, idioma materno del político republicano, nacido en Miami de padres cubanos. "Hablamos de las relaciones bilaterales entre nuestros países, la OTAN, Hispanoamérica y Ucrania, entre otros muchos asuntos. Mi compromiso: que España sea un socio fiable para nuestros aliados", explicó sucintamente Feijóo en las redes sociales, sin recibir respuesta alguna de Rubio.

Quiso el destino que apenas unos días después el estallido de la guerra de Irán le obligase a seguir mostrando su perfil más vinculado a los Asuntos Exteriores, donde no es ningún secreto que no se desenvuelve con la misma soltura que en otros. Entre otras cosas por no hablar inglés, uno de los aspectos que a juicio de muchos lastra su perfil presidenciable, y que Pedro Sánchez y el PSOE no dudan en sacar a colación cada vez que tienen oportunidad.

Desde el primer momento, Feijóo ha tratado de nadar en dos aguas, la de la condena sin ambages del régimen iraní, y la de la solicitud de una desescalada bélica. Así ha sido desde su primer mensaje en las redes sociales el pasado 28 de febrero, cuando dijo en primer lugar: "El régimen iraní masacra a sus propios ciudadanos, persigue la bomba nuclear, financia el terror y desestabiliza la región. Ningún demócrata puede ser condescendiente con ello porque la libertad se defiende en todo el mundo". Y añadió justo a continuación: "Occidente debe estar unido: contención, evitar una escalada y volver a la negociación".

Lo mismo, con algo más de profundidad, repitió este jueves en un discurso en la sala constitucional del Congreso de los Diputados, donde el Grupo Popular organizó unas jornadas (en la semana que concluye con el día internacional de la mujer) con mujeres disidentes de distintos regímenes, entre ellas y destacadamente, Masih Alinejad, a la que presentó la diputada popular Cayetana Álvarez de Toledo. Alinejad arremetió contra Pedro Sánchez, al que llegó a acusar incluso de "utilizar los cuerpos de miles de iraníes asesinados como munición política para sus batallas políticas domésticas".

El flanco feminista

Feijóo ha visto en ese flanco, el feminista, una manera de posicionarse en el conflicto, dado que no en vano uno de los hechos recientes de mayor envergadura en Irán fue la revuelta de 2022 tras el asesinato de Masha Amini, una joven de 22 años que fue arrestada y torturada por la policía islámica por no haberse colocado correctamente el hiyab o pañuelo islámico. Su intervención en las jornadas de marras organizadas por su partido así lo puso de manifiesto. Elogiando la figura de Alinejad, el líder de la oposición disertó así: "El verdadero feminismo, como la verdadera libertad, no nace de la comodidad, todo lo contrario. Surge cuando hay que enfrentarse al miedo, a amenazas reales y tangibles; surge cuando Masih desafía la imposición de un régimen represivo mostrando su cabello". Feijóo, además, volvió a reivindicar "contención", y preguntado a la salida del acto por la prensa si se la reclamaba a Trump, contestó: "Estamos pidiendo contención a las partes implicadas, y las mesas de negociación son el mejor lugar para tratar estos asuntos".

Pero al margen de ese marco político, el de la lucha por los derechos de mujeres oprimidas, muy relevante pero parcial cuando se trata de la crisis geopolítica desatada por el ataque americano e israelí, quedan otros por dilucidar en cuanto a la posición del primer partido de la oposición. Feijóo, en cuya trayectoria política tuvo una influencia primigenia el fundador de su partido, Manuel Fraga, que además siempre ha tenido una gran sintonía personal con Mariano Rajoy y que al mismo tiempo ha cuajado una relación muy estrecha desde que desembarcó hace cuatro años en Génova con José María Aznar, en cuya administración sirvió como director del Insalud y presidente de Correos, tiene de alguna manera que elegir su propio perfil, también en las cuestiones internacionales, y por eso la guerra de Irán le descoloca.

En círculos conservadores se comenta ahora que si Fraga logró enfadar a los norteamericanos en los años ochenta con su petición de abstención en el referéndum de la OTAN, Aznar marcó un rumbo muy claro con su apoyo a la guerra de Irak hace veinte años y una clara impronta atlantista alineada con la vieja guardia del Partido Republicano que defiende hoy desde FAES y Rajoy, acorde con su carácter, fue un líder con menor acento en las cuestiones de geoestrategia. Feijóo tiene que trazar su propio camino cuando, a diferencia de todos los mencionados, afronta una amenaza electoral inédita de la extrema derecha, con un Vox que de la mano de Santiago Abascal ha logrado aunar un potente plantel de aliados internacionales, empezando por el mismísimo Trump, pasando por varios líderes latinoamericanos y llegando a primeros ministros de la Unión Europea (UE) como la italiana Giorgia Meloni o el húngaro Viktor Orbán.

Quizás esa encrucijada o brete sobre la posición internacional ha llevado a Génova ha cometer varios deslices esta misma semana acerca de la crisis en Irán. El más sonado, la difusión de un vídeo del encuentro entre la ministra de Defensa, Margarita Robles, y el embajador de Estados Unidos en Madrid, Benjamín León, en el que supuestamente la ministra decía "estoy con Trump", algo falso, según se comprobó después, pero que el PP ha seguido utilizando como argumento en sus redes sociales. Y posteriormente la denuncia de que el Gobierno habría incumplido la Ley de Defensa Nacional por no pedir el apoyo del Congreso para el envío de una fragata a Chipre, donde Irán ha atacado bases británicas, cuando la autorización parlamentaria no es preceptiva en este caso.

Curiosamente, la tragedia ferroviaria de Adamuz (Córdoba) del pasado 18 de enero frustró el encuentro en la Moncloa que justo al día siguiente iban a mantener Sánchez y Feijóo con el eventual envío de tropas españolas en misión de paz a Ucrania y otras cuestiones internacionales encima de la mesa. Un encuentro que bien podría tener que celebrarse próximamente, aunque en un contexto bien distinto por la guerra de Irán.

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