Los titulares y la terrible espiral de la violencia…
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Opinión

Los titulares y la terrible espiral de la violencia…

Me sorprende bastante, queridos y queridas, que las crónicas sobre la guerra en Irán nos presenten ahora como noticiable el hecho de que el nuevo dirigente espiritual de ese país reclame venganza ante los ataques de Estados Unidos… ¿Acaso esperaban otra cosa? ¿Un agradecimiento, quizá, por haber abierto aún más el melón de la violencia a gran escala en esa zona? Verdaderamente, llaman la atención algunos titulares…

También es para mí extraño que a otros les parezca novedoso que Irán, según las palabras del aludido nuevo líder religioso, trate de infligir el mayor daño posible a Occidente mediante el estrangulamiento del comercio internacional... ¿Acaso no era esto previsible? ¿Pensaban que iba a decir, «bueno, pelillos a la mar y que cada uno siga a lo suyo»?… Pienso que es obvio que, ante el ataque, los otros se revuelvan… Y no estoy diciendo, por favor no me interpreten mal, que este objetor de conciencia de ayer y ferviente defensor de la paz siempre esté queriendo justificar algún tipo de violencia. No, todo lo contrario. Pero, siendo justos, parece que deberíamos denostar esa actitud belicosa y belicista desde los dos puntos de vista, y no solamente quedarnos con los ataques de unos, y no con los previos de los otros…

Ciertamente, la terrible espiral de la violencia está vigente hoy en todo Oriente Medio, multiplicándose y creciendo… Y esto es así después del terrorífico pródromo de Gaza, con ya varias heridas abiertas en la zona, cuyo desarrollo puede comprometer seriamente —si no lo ha hecho ya— la paz global. Es por eso que, hoy más que nunca, es necesario abjurar de todo tipo de escalada en ese proceso desintegrador, para insistir en la importancia de persistir en una cultura de paz… Sí, hay que perseguir el fin de las hostilidades y la búsqueda de alternativas y posibles acuerdos hasta la extenuación.

Alguien dirá aquí que, tal y como estaban las cosas en Irán desde hace tiempo y especialmente en los últimos momentos antes del ataque, eso es imposible. Y es verdad que la gran represión contra la propia población del país por parte del régimen estaba comprometiendo no solamente las libertades, sino hasta la vida de ese pueblo. Pero… ¿es tal tipo de argumento válido para una injerencia extranjera en los términos diseñados en este ataque? Queridos y queridas, entiendo que no. No, al menos, sin un mandato claro de alguien totalmente ausente, descolocado y desubicado en este proceso a día de hoy, y que se llama Naciones Unidas. Si no existe la legitimidad otorgada por tal instancia, a la que aludía ya en columnas anteriores, esta guerra urgente e interesada no puede ser catalogada con el marchamo de defensora de nada… Y sí que tiene grandes visos de complicar mucho más el pastel a nivel local, regional y global, tal y como ha ocurrido antes en muchos más escenarios difíciles...

Estamos, amigos y amigas, ante un choque frontal de planteamientos contrarios desde países cuyo devenir está profundamente lastrado por diferentes praxis de corte teocrático. Esto, que todo el mundo asume como cierto para los chiíes islámicos hoy en el poder en Teherán, también tiene vigencia para el judaísmo ortodoxo, más laxo en cuestiones relativas a la moral pública, pero de igual manera empeñado en un cierto supremacismo dimanado directamente de una concepción espiritual propia. Pero no se engañen, estimados lectores y lectoras, todo ello no deja de ser un envoltorio o un fantástico cascarón con el que disfrazar el verdadero meollo de todo este asunto. Y, puestos a hablar del mismo, no se cansen de mí si vuelvo aquí a citar —y sé que lo hago con frecuencia— al genial profesor y doctor en Economía Arcadi Oliveres, fallecido en Barcelona hace casi cinco años, al que tuve la oportunidad de escuchar en persona en varias ocasiones: las causas de las guerras son económicas, económicas y, a veces,… económicas… Esa es la cuestión, amigas y amigos, y todo lo demás que se nos cuente es puro teatro, ensoñación, discurso vacuo o poco más… Lo cierto es que los enormes intereses en juego en todo este tablero de rol son, directamente, apabullantes.

Y que hay actores que, bajo ningún concepto, quieren abandonar su posición privilegiada en este peligroso contexto, cueste lo que cueste…

En fin… Que me parece que habrá guerra para rato, salvo que algún acontecimiento verdaderamente impactante o luctuoso provoque un cambio brusco, que tampoco sería grato… O sea que, o guerra o… quizá aún peor… Seguiremos expectantes, esperanzados pero a la vez sabedores de que nada de esto tiene buena pinta…

¡Ánimo!

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