Entrevista | Vari Caramés Premio Nacional de Fotografía 2026
Vari Caramés celebra el premio Nacional de Fotografía tras 40 años con A Coruña en la mirada: "Me gustaría fotografiar el viento"
El galardonado fotógrafo coruñés consolida una trayectoria de décadas marcada por su apuesta personal por la técnica analógica y la búsqueda de la belleza en la imperfección

El fotógrafo Vari Caramés. / Víctor Echave
O fotógrafo Vari Caramés recibiu esta semana o premio Nacional de Fotografía 2026 cando supera xa os corenta anos de oficio, a maior parte deles na Coruña. Na cidade fundou o grupo de Novos Fotógrafos Coruñeses e nas súas rúas, portos e estacións paseou cámara en man para captar o instante imperfecto. Cre que leva a auga/a auga na mirada e a luz do atlántico, o que lle axuda a "crear efectos dos defectos".
O premio Nacional de Fotografía chégalle con catro décadas de traxectoria, é unha confirmación para continuar ou unha invitación para cambiar?
Non, sempre é unha lombeirada para continuar. O camiño non sabes onde termina e este mundo é unha odisea. Estou feliz deste empuxón porque, á fin e ao cabo, pelexeimo toda a vida. Ninguén me regalou nada. Teño máis proxectos e teño máis ganas de seguir, de estar aí facendo cousas. Vou seguir igual ou peor. Non vos preocupedes, non vou cambiar.
Foi o seu pai quen lle regalou unha cámara. Aí empezou todo?
Con esa cámara puiden entrar nun mundo marabilloso no que mirabas por un rectángulo e todo estaba á túa disposición. Imaxínache! Foi un descubrimento para min. Podías encadralo, podías miralo doutro xeito, podías reflexionar a través desa cuadrícula. Foi marabilloso. Agradecereillo toda a vida. Esa cámara téñoa aínda e de cando en vez métolle un rolo e fago algunha foto. Non perdo as miñas orixes, xamais. Non os perdín nunca porque nunca deixei de facer fotos en analóxico, en película, aínda que agora estea de moda.

Fotografía de la serie 'Color', del año 2000. / Vari Caramés / Cedida
Pese a las tendencias y a los cambios, la fotografía analógica ha sido su fortaleza.
He resistido ahí en mi isla, porque esto es un acto de resistencia siempre. Después del tsunami digital, que lo comió absolutamente todo, pensé que tendría que abandonar la fotografía. Tenía miedo de que no hubiera gente que revelara fotos, o que positivara era fotos, o que no hubiera películas, o que no hubiera papeles. Eso duró unos años, pero luego todo se hizo moda. Ahora hay muchísima gente que ha vuelto a la película. Estoy encantado, lo que pasa es que está carísimo.
Después del tsunami digital, que lo comió absolutamente todo, pensé que tendría que abandonar la fotografía
¿Qué sigue teniendo la fotografía en película que la fotografía en digital no consigue llegar ahí?
La fotografía en película tiene algo fundamental para mí que es la virtud de la sorpresa. Sabes que no puedes estar haciendo miles de tomas como hacen las cámaras digitales. Seleccionas más, es otra búsqueda. Después viene el segundo paso, que es revelar. Cuando se revela la película ya ha pasado un tiempo, porque normalmente no terminas un rollo en un día. Dura varios días, varias historias, vas de aquí a allá. Todo ese proceso lleva tiempo. No puedo ver la foto nada más hacerla y mejor, porque necesito un espacio de acomodo y sosiego. Me la imagino de otra manera porque el tiempo va amasando la ficción y la realidad. Entonces, ves la foto que crees que era la buena y resulta que no era, e igual la buena era otra y tú no te acordabas. La sorpresa, lo inesperado, el azar.

Fotografía de la serie 'Miraxes', del año 2003. / Vari Caramés / Cedida
En su trabajo, el desenfoque, las manchas, los reflejos o ciertas imperfecciones se convierten expresión. ¿Ha dejado de buscar las cosas claras?
Eso también es un poco una leyenda urbana. Cuando empezaba a hacer fotos, lógicamente, yo no las revelaba. Iba a buscarlas a una tienda y allí me abrían el sobre en dos partes. Me decía: "Mira, estas de aquí, las de la derecha, olvídate. Ese tipo de fotos, olvídate de eso. Vete más por aquí, por las de la izquierda". Era un toque pedagógico. Llegaba a casa y miraba todas las fotos con mucha atención, porque quería aprender. Prueba y error, la vida es así. De aquellas fotos extrañas y desenfocadas con manchones, algunas me hablaban al oído. Fui intentando crear efectos de los defectos.
¿No le interesa la realidad?
La realidad a mí nunca me ha interesado. Tengo muchos amigos que son fotoperiodistas. Está claro que ellos trabajan la actualidad, pero a mí ese espacio no me interesa. Nunca me interesó. Me interesa crear un mundo o una sensación de atemporalidad en el que las fotografías puedan estar instaladas en cualquier época. Lo interesante es que tenga swing, a mí que me gusta tanto el jazz. Ha sido una decisión acertada porque realmente el mundo lo veo muy imperfecto, muy desenfocado y cada día más.

Fotografía de la serie 'Color', del año 2000. / Vari Caramés / Cedida
Los puertos, el mar, las estaciones, las calles, todo está ahí en su trabajo, ¿pero A Coruña qué le ha dado?
Me ha dado todo. Nací en Ferrol, vivo aquí desde que tenía 10 años. Mi vida la he hecho aquí. Tengo la ciudad como telón de fondo prácticamente en toda mi obra. Tengo muchas fotos de viajes, en todas partes he hecho fotos, aunque es verdad que la ciudad me ha dado mucho. Hay fotos incluso icónicas que son parte de su historia reciente.
Siempre se habla de la luz del Mediterráneo, ¿pero qué tiene la luz atlántica para usted?
La luz atlántica tiene esa cosa como que se nos incrusta. La luz, la humedad, la niebla, el orballo. Todos esos elementos acuosos, como mis fotos. El agua está casi siempre presente en mi obra, curiosamente. Y esa luz está traspasada por esa agua. Es muy difícil ver algo completamente nítido porque hay como una especie de neblina. Es una luz diferente. Además, cada persona lleva su luz dentro también y estoy convencido de que mi luz también se reflejaría, por ejemplo, en Andalucía. Esa luz interior es siempre perenne.

Fotografía de la serie 'Bosque Animado', del año 2024. / Vari Caramés / Cedida
En el momento en que cuelga sus fotos en exposición, ¿siente que cuelga algo cercano a pintura? Guarda un parecido estético.
Claro que sí. Mi padre era un artista amateur. Él dibujaba y pintaba muy bien, encluso me enseñó a dibujar.. Me quedó ese olor impreso de la trementina y de los pinceles. Todo en la vida influye, la pintura siempre me gustó y me ha interesado muchísimo ese mundo, el de los pintores. Recuerdo a Man Ray, que era realmente pintor, y después se dedicó a la fotografía. Dijo una frase maravillosa que la comparto humildemente: "Pinto lo que no puedo fotografiar y fotografío lo que no puedo pintar". Simplemente, intento fotografiar cosas que tengan un duende pictórico.
Cuando echa la vista atrás, ¿en qué compañeros piensa? ¿Quiénes le han guiado hasta aquí?
Me han ayudado muchas personas, empezando por mi padre. Me ha ayudado la familia, mi mujer, Ángeles, siempre me apoyó. Mis cuñados, con los que también empecé un poco a aprender el revelado. Después, personas de tiendas de fotografía o grupos de fotografía. Cuando creamos los Novos Fotógrafos Coruñeses, nos ayudamos mucho entre todos. Era un tema muy romántico. Uno nunca trabaja solo en el fondo. Necesitas gente que te apoye, gente que crea en ti. Mi primer libro, por ejemplo, se publicó en 1989, lo publicó el Centro de Fotografía de Vigo, Manuel Sendón fue uno de los impulsores. A él le estoy agradecido.
Si tuviera que realizar una última fotografía sin preocuparse del valor artístico, de si va a salir publicada o a ganar un premio. Una última fotografía, ¿cuál sería?
Me gustaría fotografiar el viento.
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