Los hórreos de A Coruña, de despensa agrícola a refugio de la memoria: "Son el testimonio de otras épocas"
El Gobierno declara los hórreos del noroeste como Manifestación Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial, mientras que el Ayuntamiento prepara un catálogo individualizado de todas estas construcciones en A Coruña

Hórreo en el Martinete, Viñas, que se sitúa dentro de una zona con fuertes tensiones urbanísticas / Iago López
El hórreo gallego ha dado un paso más en su reconocimiento. El Gobierno central los ha declarado este martes como Manifestación Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial, una figura que no solo protege la construcción en sí, sino también los oficios, saberes y formas de vida que giran en torno a ella. La medida llega en un momento en el que estas estructuras han perdido su función original, pero siguen muy presentes en el paisaje y en la identidad de Galicia, donde se calcula que existen alrededor de 30.000 construcciones.
En A Coruña, su presencia es más discreta, pero no inexistente. Lejos de las imágenes más reconocibles del rural, los hórreos sobreviven en la ciudad en las zonas verdes, antiguos núcleos y rincones que recuerdan un pasado agrícola hoy casi borrado por el crecimiento urbano. "Ahora los podemos ver en parques y espacios naturales, conservados de cuando aquello todavía eran zonas agrícolas", explica el investigador y arquitecto José Ramón Soraluce. El ejemplo más evidente es el del parque de Santa Margarita, pero no es el único "ni el de mayor relevancia, pero sí el más conocido". Hay más, dispersos, discretos, casi camuflados.
El recorrido por la ciudad
En A Coruña se conservan varios puntos estratégicos donde los hórreos alcanzan la categoría de Bien de Interés Cultural (BIC). El más popular es el de Santa Margarita, una pieza del siglo XVI con estructura de piedra y puertas de madera. Sin salir de las zonas verdes, el parque de Vioño custodia otra construcción centenaria, esta vez en piedra sin tallar. En San Cristovo das Viñas destaca el hórreo de la antigua rectoral de Elviña, uno de los más grandes de toda la comarca. Cerca de allí, en San Vicenzo de Elviña, resiste un ejemplar construido íntegramente en granito. Más delicada es la situación del hórreo del Martinete, en Viñas; esta pieza sobrevive hoy descontextualizada y rodeada por las fuertes tensiones urbanísticas de la zona.

Hórreo de piedra en el parque de Santa Margarita que fecha del siglo XVI / Iago López
También existen otras construcciones que, aunque no entran en la categoría de BIC, cuentan con el reconocimiento de Urbanismo por su valor etnográfico. Desde un ejemplar en Nostián, situado dentro de la propia refinería de Repsol, hasta el del Lugar de Bens, donde el hórreo comparte espacio con un lavadero y una cruz de piedra. El catálogo incluido en el Plan General de Ordenación Municipal identifica además piezas en Vio, Feáns, Palavea y San Pedro de Visma. También constan registros en Cances, Mesoiro, el Lugar de Castro y de nuevo en San Vicenzo de Elviña. El mapa de la memoria se completa con los hórreos que resisten en Eirís, Casanova, Curramontes y La Madosa, junto a restos localizados en los núcleos de O Bosque, Someso y A Cabana.
Arteixo, colección "extraordinaria"
Uno de los casos más llamativos está en Arteixo. "Tiene una colección de hórreos extraordinaria y, además, muchos de grandes dimensiones, aunque es poco conocida. Nadie se lo espera", destaca Soraluce. No se trata solo de cantidad, sino de tamaño y relevancia. Muchos de esos hórreos están vinculados a parroquias o a explotaciones agrícolas importantes, lo que explica su escala. "El gran centro de hórreos de A Coruña está allí, es una de las zonas con un mayor número. Nos habla de la importancia agrícola que tuvo toda esa zona como centro de suministro para la ciudad", añade.
La imagen se completa con otro dato igual de revelador: en Cambre se llegó a contabilizar cerca de 400. "Hicimos un recuento hace un par de años y había como 400, es una enorme cantidad", recuerda el arquitecto. Ese contraste entre la abundancia del área metropolitana y la discreción dentro de la ciudad define bien la situación actual. "Los hórreos en A Coruña estaban vinculados a núcleos con tradición agrícola y muchos han ido desapareciendo con la expansión de la ciudad", explica el concejal de Urbanismo de A Coruña, Francisco Dinís Díaz Gallego.
El valor etnográfico
Los que quedan han cambiado de papel. Ya no almacenan grano ni organizan la economía doméstica. Ahora son, sobre todo, testigos. "Son el testimonio de otras épocas, de usos y actividades que ya no existen en la ciudad", resume el edil. Esa pérdida de función es clave para entender su situación. El hórreo nació como una solución práctica, una pieza de ingeniería popular adaptada al clima y a las necesidades agrícolas. Durante siglos, fue imprescindible. Hoy ya no lo es. "Su valor etnográfico es tan grande que, aunque no tenga un uso directo, sigue siendo un elemento patrimonial importante", explica Soraluce.
En A Coruña, esa importancia se ha traducido en protección legal desde hace años. "Son Bien de Interés Cultural (BIC) todos los hórreos que tienen más de cien años", explica. Una medida que "ha permitido conservar buena parte del patrimonio", aunque no todos están cubiertos. Los más recientes quedan fuera de esa categoría.
Aun así, la protección no es solo una cuestión de leyes. También depende de cómo se entienden y se tratan. Soraluce advierte de ciertos riesgos. Uno de ellos es su traslado. Durante años, algunos hórreos se movieron de lugar, se compraron o se integraron en fincas privadas. "Si se trasladaran arbitrariamente, acabarían convirtiéndose en un elemento totalmente disperso e incontrolable", señala.
Catálogo exclusivo en el plan general de A Coruña
Según explica el arquitecto no se trata tanto de evitar traslados como de conocer y conservar lo que queda. Y el Concello ya trabaja en ello. Urbanismo de A Coruña prepara una modificación del plan general que permitirá identificar uno a uno los hórreos de la ciudad. "Ahora están recogidos como elementos etnográficos de forma general, pero no están individualizados", señala Dinís. El objetivo es "elaborar fichas específicas para cada uno", con información detallada sobre su ubicación, antigüedad y grado de protección. "Habrá que hacer un trabajo de campo para actualizar su estado y ver cuáles tienen más de cien años", añade.
Esa desconexión también tiene que ver con la pérdida de su uso original. Hoy, prácticamente ninguno cumple la función para la que fue construido. "Fundamentalmente, ya son símbolos de una época que ya no existe", resume el edil. En algunos casos pueden mantener un uso residual como espacio de almacenaje, pero su papel es, sobre todo, representativo.
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